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Soledad and Company - 2015 agosto
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agosto 2015

Julieta, la soltera de 30

Los diarios íntimos de Julieta. Problemitas con el iPhone

agosto 18, 2015

Querido diario:

No escribo desde hace más de 15 años en este cuadernito pero me dijeron las chicas que empiece a hacer algo de mi vida porque estoy hecha una piltrafa nada productiva. Dicen que me anote en clases de hip-hop, que me meta en uno de los programas del arte de vivir, que me chape un pibe en un boliche. Que haga lo que se me cante, pero que haga algo. Así que después de analizar todas las variantes, lo único que estoy en condiciones de hacer en este momento es escribir en este diario y si no les gusta a las pibas, que se curtan.

A ver, ¿qué te puedo contar?. Ah sí, ya se, te voy a hablar sobre mi Iphone 6. Tiene tanta memoria el hdp que nunca tuve necesidad de hacer espacio y borrar algunas de las 4809 fotos o 274 videos que guardo desde que lo tengo. Yo lo quiero a mi iphone, pero ¿por qué me hace esto? De vez en cuando, en los momentos muertos del día, me llama a ringtones sordos para que vea en el carrete todo lo que estoy tratando de olvidar: mi ex en paños menores, mi ex en el campo, mi ex en la casa de mis abuelos en navidad, mi ex comiendo una costillita de cerdo, mi ex tirándome un beso, mi ex sacándome la lengua, durmiendo, manejando, fumando un porro.

Pero fue un video que el maldito iPhone reprodujo sin siquiera tirarme una advertencia del estilo ¿Está seguro que desea reproducir el video? que ayer me dejó knock-out. Treinta y tres segundos filmados por mi amiga Carla en la oscuridad de un antro de floresta. Estamos nosotros dos en un karaoke coreano bailando un lento mientras esperamos que nos toque nuestro turno para aullar alguna canción. Él me acaricia el cuello y en el segundo catorce me da un beso en el hombro. Yo tengo apoyada mi cabeza en su pecho y lo abrazo con tanta fuerza como si intuyera que más adelante se me escaparía de las manos.

Iphone 6 de mierda, es hora de un back-up.

Con amor,
Julieta.

iphone

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Julieta, la soltera de 30

“Canciones para verificar que uno no se quiere pegar un tiro”, Playlist que se armó Julieta en Spotify

agosto 13, 2015

spotify
Su amiga Natalia le había jurado que el 13 de agosto cuando se cumplieran más de tres meses desde la separación, Julieta se sentiría mejor.

Aferrada a esa fecha lanzada al azar por Natalia solo para acallar sus lamentos iracundos, Julieta dibujó un calendario sobre una servilleta de fondo blanco con dibujos de vacas negras compradas en Morph, que pegó en la heladera de su cocina/monoambiente. Fue tachando cada uno de los días desde el 28 de abril hasta la fecha asignada para el cese del dolor.

Cuando amaneció el 13 de agosto mucho más temprano del horario habitual, Julieta se sentó en la cama, cerró los ojos e indagó en su interior. Efectivamente su amiga había vaticinado lo impensado. Ya no sentía más nada, al menos nada tan angustioso que la paralizara o la hundiera en un mar de lágrimas.

Era una nueva etapa. Pensó en su ex y le dio un poco de rabia, un poco de nostalgia y apenas una pizca de un “no se qué”. Cualquiera que fuera esa nueva sensación que tenía, lo importante es que era altamente soportable y diferente a lo que había venido sintiendo hasta ese momento.

Había llegado la sanación y para verificar que no era algo temporario tuvo que hacer lo más extremo que se le pudo ocurrir: escuchar las canciones de amor más lacrimógenas que el ser humano haya compuesto jamás. Por un poco más de cuatro horas escuchó en su iPhone casi 50 canciones al hilo. Durante la escuchada nada pasó. Pero por las dudas esperó. No fuera a ser que llegara una reacción tardía que llenara el cuarto de gritos, desconsuelo, patadas al aire y terminara poseída como una bacante en un ritual dionisíaco. Pero nada. Ni una sola lágrima.

¿Julieta estaba curada? Sonrió por un buen rato con cara de satisfacción y mirada de Vendetta. Salió de la cama, desayunó Nesquik y antes de irse a trabajar se armó en Spotify la playlist “Canciones para verificar que uno no se quiere pegar un tiro” con 10 de las mejores canciones suicidas. Camino al trabajo las volvió a escuchar.

Pero esta vez lloró.
Pero solo un poco.
Pero no por amor.

Julieta empezaba a despedirse de su ex.

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Soledad, en primera persona

Mi mejor primera cita fue con un yankee. Parte #2

agosto 10, 2015

Ya leyeron la primera parte de la historia en mi posteo anterior (link). Ahora debería venir el relato de lo que realmente sucedió en esa primera cita con Alex, el diseñador gráfico que conocí en Denver varios años atrás. Cita que sigue encabezando en mi historial amoroso, la primera mejor cita.

Vamos a hacer una pausa en el relato porque algo sucedió en los últimos días. No pude contenerme en escribirle a Alex para ver en qué andaba después de tanto tiempo y para cerciorarme de que no me había inventado la historia. Que Alex existía, que nos habíamos conocido en Estados Unidos y que habíamos salido en una única cita mi último día en Denver, cuando la nieve aún no cubría por completo las montañas.

Un día después recibí en mi gmail un regalo: su relato de cómo recordaba aquella vez que me vio por primera vez en el Museo de Arte Contemporáneo de Denver:

Five. Four. Three. Two. One. Blast off! That’s how all rocketships are launched. The standard countdown. I think that’s how we should count lovers. Instead of having a first lover and then a second lover, and then finding everlasting love with our third or fourth or fifth lover, we should count down to lover number one. We should end up with number one. If we use this highly calculated method, I met the one for me (my number one) out of sequential order. I met her in between lovers two and three. I know you are getting confused. And maybe that’s because you know lover one very well, it’s you, but for me I have yet to get my arms around her. I mean a real secure hold on her. To have her as my lover. My one.

I met her in Buenos Aires. I was traveling with a friend of mine for a biennial art fair. Wait! No. It was the other way around. I met her in Denver because she was traveling with a friend and colleague for a biennial art fair. When I first saw her my heart sank. We were in a museum basement, so my heart was already low to the ground. But then again we were a mile above sea level. So maybe the high altitude is why I could not catch my breath. Regardless, she stood out. The sexiest piece of art in the entire museum. And the museum was filled with about two million people. So you can image, she really stood out.

She was gorgeous and it was only fitting that I first saw her in a museum. You could have taken her by the back of her dress and hung her up on a hook high up on the wall. And not to reduce her down to an image or an object, but because like art looking back on its adoring audience, she wasn’t aware I was in the room. I had to compete in a crowd to get a good look, and not because she was beautiful, but because it made me feel good.

Traducción al español (si podes evitar leer esta traducción que hice, mejor. En inglés este relato cobra otro sentido):

Cinco. Cuatro. Tres. Dos. Uno. ¡Despega! Así es como se ponen en marcha los cohetes. La típica cuenta regresiva. Creo que de esa forma deberíamos contar a los amantes. En lugar de tener un primer amante y luego un segundo y, a continuación, encontrar el amor eterno con nuestro tercer o cuarto o quinto amante, deberíamos contar en forma descendente hasta el amante número uno. Deberíamos terminar con el número uno. Si utilizamos este método altamente calculado, estoy en condiciones de decir que conocí a la persona indicada para mí (mi número uno) fuera de un orden secuencial. La conocí entre la amante dos y la tres. (Yo sé que te estás confundiendo con esto que te estoy diciendo. Y tal vez se deba a que sabes muy bien que la amante de la que estoy hablando, sos vos). Pero aún tengo que poner mis brazos alrededor de ella. Me refiero a un verdadero agarre, uno bien fuerte. Para tenerla como mi amante. Mi número uno.

La conocí en Buenos Aires. Viajaba con un amigo mío para una bienal de arte. ¡Un momento! No. Fue al revés. La conocí en Denver cuando ella viajó con una amiga y compañera de trabajo para una bienal de arte. Cuando la vi por primera vez se me hundió el corazón. Estábamos en el sótano del museo, por lo que mi corazón de base, ya estaba muy cerca de la tierra. Pero, de igual forma, estábamos a 1609 metros sobre el nivel del mar. Así que tal vez por la gran altitud en la que estábamos es que no podía respirar. De cualquier manera, ella sobresalía del montón. Era la pieza de arte más sexy de todo el museo. Y eso que el museo estaba repleto de casi dos millones de personas. Así que se pueden imaginar, algo tenía que la hacía destacarse especialmente entre el montón. 

Era preciosa y tenía toda la lógica verla por primera vez en un museo. Podría haberla agarrado por la parte de atrás del vestido y colgarla con un gancho en lo alto de una de las paredes.  Y no para reducirla al nivel de una imagen o un objeto, sino por el hecho de que al igual que las obras de arte con las personas que las contemplan, ella no estaba consciente de mi presencia en la sala. Tuve que competir entre la multitud para conseguir una buena vista de ella, y no lo hice porque era hermosa, sino porque por algún motivo, eso me hizo sentir bien.

Un psicólogo hipnólogo que frecuenté entre mi relación número 5 y 6 -en orden secuencial- tenía una hipótesis sobre el amor muy acertada. Él decía que las personas no tienen una única media naranja sino que uno tiene varias, más precisamente entre cinco y diez. El problema es que todas esas personas no necesariamente viven en tu misma ciudad e incluso pueden estar geográficamente en el lado diametralmente opuesto al que uno vive. Como tus medias naranjas están tan esparcidas por el mundo y las chances de conocerlas son bajas, se popularizó el dicho de que todos tenemos sólo una media naranja.

Mi hermana se casó con un sudafricano. Y lo conoció en Denver. Tal vez lo que no sabía mi psicólogo es que las chances de encontrar una de tus medias naranjas en la ciudad de Denver son altas. Demasiadas altas diría yo.

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Soledad, en primera persona

¿Las mujeres miran porno?

agosto 4, 2015

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Pocas mujeres admiten abiertamente ver porno. La mayoría de mis amigas por ejemplo, dice haber visto alguna vez como parte de la aventura de estar en un telo o por pedido explícito de sus parejas que buscaban ponerle un poco de picante a la previa sexual. Pero las estadísticas demuestran que cada vez son más las mujeres interesadas en descubrir qué hay en la intrainternet de lo prohibido y al parecer, aunque muchas no lo admitan o todavía no lo hayan descubierto, a un gran porcentaje les gusta.

Hace unos días salió un reporte sobre el comportamiento de las mujeres en Pornhub, uno de los portales pornos más importantes de la industria y el sitio con mayor cantidad de videos porno que existe en Internet. A nivel mundial, el 24% de la audiencia es femenina y el 76% masculina.

Cálense este dato: Argentina comparte con India, el segundo puesto en el ranking de consumo online femenino. ¡El 30% de los argentinos que entra diariamente a Pornhub son minitas!. El primer lugar lo comparten las chicas hot de Filipinas y las quenchi de Brasil. Estados Unidos por ejemplo, está en el puesto 17.

¿Cuánto tiempo pasan las mujeres argentinas en un página triple X?
El promedio de tiempo online de los argentinos es de 8:13 minutos para las mujeres y 8:04 para los hombres cada vez que se conectan. En comparación a otros países pasamos menos tiempo online cada vez que entramos. ¿Somos más expeditivos? No sé…

¿Qué buscan las mujeres en los sitios porno?
Lo más buscado por las mujeres son las categorías “lesbianas”, “tríos” y “squirt” (eyaculación femenina). Me parece que esto nos da la pauta de que las mujeres somos ante todo curiosas, ¿quién no habló alguna vez con sus amigas del mito de la eyaculación femenina?, como difícilmente hayamos encontrado una amiga que cuente de su experiencia personal en lo que respecta a este tema, todas en algún momento lo googleamos, y las más osadas nos metimos a comprobar que efectivamente era posible. La industria pornográfica popularizó el squirt y lo convirtió en una categoría más dentro de los buscadores, conviviendo con otras temáticas de lo mas bizarras como Grannies –abuelas-, MILF –del inglés Mom I’d Like to Fuck que se traduce en la mayor parte de Hispanoamérica como MQMC, Mamá Que Me Cogería-, Colegialas, Amateurs, entre otras tantas opciones.

Los términos “masajes” y “adolescentes” bajaron un poco en el ranking de búsquedas femeninas en el último tiempo y subieron las visualizaciones de las categorías de”negros”, “dibujos animados” y “tijeretazos lésbicos”.

El fetiche de ver a las famosas teniendo sexo
Entre las búsquedas online femeninas llama la atención el interés por encontrar las filmaciones caseras de las famosas. La única vez que vi porno en compañía de amigas fue un día en la oficina que con risitas nerviosas nos vimos el video entero de Silvina Luna teniendo sexo en un viñedo, el de Florencia Peña haciendo una fellatio y las fotos desnudas de quien fuera en su momento el marido de Juanita Viale, el chileno Gonzalo “Manguera” Valenzuela. Este tipo de búsqueda, aumentó en el último tiempo un 1028% y en Estados Unidos al menos, Kim Kardashian encabeza las búsquedas. Su videíto casero con el rapero Ray J y su culo en primer plano en la revista Paper Mag la catapultó en el ranking de las más buscadas.

¿A qué edad ven porno las mujeres?
Las que más miran porno según el informe, son las jóvenes entre 18 y 24 años (36%), le siguen las chicas entre 25 y 34 (28%) y en tercer lugar las mujeres que tienen entre 35 y 44. (17%).

Algunas conclusiones que no salen del reporte, pero que concluimos con mis amigas:
– Los novios / maridos ven porno cuando están solos. Es un hecho.
– Entre los hombres se mandan todo tipo de porquería pornográfica por whatsapp aunque lo oculten.
– La industria pornográfica está pensada para hombres, eso se deduce del hecho de que ¡a las mujeres no nos gusta el sexo tipo conejito duracell! (rápido, rápido, rápido, rápido, fuerte, fuerte, fuerte) y en las webs pornos está plagado de este tipo de sexo.
– Las mujeres encontramos muy fantasioso y alejado de la realidad los encuentros sexuales que se muestran en los portales porno: faltan caricias, más previa y ¡amor! Si lográramos conectarnos sentimentalmente con los actores porno, pasaríamos más tiempo online en ese tipo de sitios.
– Debería haber un apartado en cada sitio porno con “Instrucciones reales para darle placer a una mujer” donde eduquen un poco. Que los hombres se deleiten viendo a las actrices haciendo acrobacias y gimiendo de placer por cualquier cosa, pero que antes de salir de los portales, lean tips de cómo tener sexo en la vida real.
– Aunque nos cueste admitirlo, el mayor problema que encontramos las mujeres con la pornografía es… ¡que las actrices pornos nos hacen quedar mal!

¿Y vos? ¿Qué pensas de la pornografía?

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